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Madres contra la guerra de Bush
Cindy Sheehan lidera un grupo de mujeres que pide el cese del conflicto en Irak.

Yolanda Monge
El País

El sol cae implacable sobre Texas. Frente al rancho de George Bush en Crawford, Cindy Sheehan se abraza a la cruz blanca que representa a su hijo caído en Irak el año pasado. La madre coraje de América solo quiere que el presidente Bush le mire a los ojos y le cuente por qué su hijo fue asesinado en una guerra ilegal e injusta.

Voluntarios para explicárselo no faltan. Cientos de partidarios de Bush pretendían hacerlo en persona ayer mismo, concentrados frente al campamento pacifista con la resuelta idea de apoyar a su líder. A Bush no le viene mal. En pocos días la protesta de Cindy Sheehan se ha extendido con rapidez, ha dividido al país y ha puesto al presidente a la defensiva.

Si Bush hubiera recibido a Sheehan, una de las madres de los más de 1.800 soldados muertos en combate en Irak, en las dehesas de Crawford sería tan caluroso y mortecino como cualquier otro agosto, pero no estaría lleno de cientos de pequeñas cruces blancas. Pero el presidente de EE.UU. se ha negado a recibirla. Argumenta la Casa Blanca que ya fue recibida en el pasado. Pero no le resultó suficiente. Esa madre sintió que el presidente evitaba dirigirse a su hijo por su nombre, ni siquiera decía “él”, tan solo se refería a su primogénito como “su ser querido”.

La negativa de Bush ha convertido a una madre doliente en un icono antiguerra. Casi dos años y medio después de que comenzara la invasión y la guerra de Irak, el movimiento pacifista tiene por fin un referente: Cindy Sheehan, de Vacaville (California), 48 años, la madre de Casey Sheehan, muerto en combate en Irak el 4 de abril de 2004. Ha galvanizado todas las protestas contra la guerra, y ha puesto a Bush contra las cuerdas.

“¿Cuántos hijos más tienen que sacrificarse?”, exclamó Sheehan ante centenares de partidarios. “Ni uno más”, corearon los asistentes. “Quiero que sepan que por cada uno de ustedes que están aquí hay mil más en cada rincón de la nación”. Tras Sheehan, la cantante Joan Baez tomó el relevo y gritó: “¡Sigan luchando!”.

Sheehan decidió el pasado 6 de agosto instalarse en las largas vacaciones de Bush. Desde donde acampa esta mujer pecosa en los días más claros puede verse a lo lejos al presidente montar en bicicleta por su rancho tejano. Sheehan llegó a la vigilia sola. Acampó sola. Aunque no estaba sola. A su causa se unió Ann Wright, alta funcionaria del Departamento de Estado de Bush y que dimitió cuando éste lanzo la invasión de Irak. También Bill Mitchell. “Nuestros hijos murieron juntos”, explica Mitchell, veterano del Ejército. “No se conocían, pero volvieron juntos a casa”, prosigue este hombre de California. “¿Recuerda aquella foto de los ataúdes tapados con banderas dentro de un avión que publicó el Seattle Times en abril del año pasado y que obtuvo tanta publicidad?”, pregunta Mitchell. “Bien, mi hijo Mike y Casey estaban en esa foto”, se contesta a sí mismo.

Detrás de Cindy Sheehan y de su grupo -Gold Star Families for Peace- hay un importante equipo de consultores políticos y de profesionales de las relaciones públicas. TrueMajority -un grupo antiguerra fundado por Ben Cohen, uno de los creadores de los famosos helados Ben and Jerry- ha contratado a Fenton Communications, una firma de relaciones públicas de Washington que ha trabajado intermitentemente con Sheehan durante más de un año para coordinar la cobertura mediática.

También apoyan a Sheehan el grupo de mujeres contra la guerra PinkCode, el movimiento de izquierdas MoveOn.org, los Veteranos contra la Guerra (de esta, de la del Golfo, de la de Vietnam...) y así hasta una infinita pléyade de grupos y asociaciones con una sola motivación: el pacifismo como principio y el final de la guerra y el regreso de las tropas como realidad inmediata. Todos se dicen independientes. De izquierdas. Pero sin adscripción política. Algunos se definen demócratas. En una esquina de la bautizada como Casa de la Paz de Crawford (700 habitantes, sur de Texas) -creada durante la campaña electoral de 2004 para cantarle las cuarenta a Bush en su patria chica y donde Michael Moore pasó su película Fahrenheit 9/11- un grupo de personas porta camisetas con el lema: “¡Otro demócrata de Texas!”.

Los anuncios de Sheehan ya están en televisión. Solo en Crawford se han gastado más de 15.000 dólares en una publicidad local que pueda colarse en la televisión de los Bush. “Todo lo que quiero es una hora de sus vacaciones, pero él se niega a recibirme a mí y a otras familias. Solo queremos respuestas honestas”, asegura Sheehan. Nadie puede dudar que ha alcanzado el objetivo: el campamento de Crawford, conocido como Camp Casey -que ya va por el número dos debido a que el primero se quedó pequeño- en honor del nombre del hijo muerto de Cindy, es el escenario y el altavoz contra la guerra de Bush en Irak.

“Es la heroína del 62% de los americanos que se oponen a esta estúpida guerra”, dice Mary Walkings, que solo admite tener más de 60 años, cree que ha llegado la hora de salir a la calle y gritar. De pelo blanco y con la camiseta rosa que define a las mujeres del movimiento antiguerra PinkCode, esta mujer está convencida de que Sheehan puede ser la Rosa Parks del siglo XXI. Para muchos historiadores, Rosa Parks pone fecha al movimiento moderno de los derechos civiles en EE.UU. Fue el 1 de diciembre de 1955 en una Alabama bajo la ley de la segregación cuando una modesta costurera negra se negó a ceder el asiento a un blanco en un autobús. Su no sacudió al país entero y desencadenó la lucha por la igualdad.

“Sheehan es una bandera, una voz que ha despertado a todo el mundo”, asegura Tom Matzzie, el director de MoveOn.org en Washington. “Todo movimiento tiene una piedra de toque”, asegura el director. “Cindy es la Rosa Parks del movimiento pacifista de 2005”, certifica Matzzie. Para Gloria Peper y Alice Kavadlo, de 60 y 59 años respectivamente, ha llegado la hora. “Por fin alguien ha dicho que el rey está desnudo”, explica con vehemencia Peper.

¿Pero qué diferencia a esta guerra de la de Vietnam? ¿Por qué Vietnam movilizó a toda una sociedad e Irak está empezando ahora a tener sus primeras y limitadas protestas? Todos dan a esa pregunta la misma respuesta: el reclutamiento. Vietnam fue una guerra de participación masiva, lucharon en ella cerca de tres millones de estadounidenses, más de 58.000 murieron. Todo el mundo podía ser llamado a filas, los ricos y los pobres.

La misma opinión expresaba Bob Herbert la semana pasada en The New York Times. La guerra de Irak está lejos de las clases medias y pudientes. Pero Cindy Sheehan también ha dividido a EE.UU. Y la muestra está en Crawford. Las dos Américas están solo separadas por una estrecha carretera. Frente a la hilera de cientos de cruces blancas con los nombres de algunos de los soldados caídos en Irak, quienes apoyan al presidente republicano de Estados Unidos han plantado en carteles un mensaje muy claro: “Éste es el país de Bush”.

Acusada de antipatriota y abandonada por su familia -su marido acaba de solicitar el divorcio debido en parte a su activismo-, Sheehan se defiende: “Solo soy una madre con el corazón roto y quiero evitar que a otras les pase lo mismo”.

Bajo el sol de Texas, a más de 54 grados, cientos de partidarios de Bush movilizaban sus recursos. Algunos montados a caballo portaban pancartas de apoyo a su presidente. “No saldremos de Irak hasta acabar con los terroristas. América nunca más será atacada’. Querían decirle a Sheehan que no representa a todas las madres de los soldados.

A finales de agosto levantó el campamento y emprendió viaje a la Casa Blanca. Recorrió en un autobús los casi 3.000 kilómetros que separan Texas de Washington. Llegó el 24 de septiembre y posteriormente fue apresada.

Detenida frente a la Casa Blanca

Esposada, fotografiada de frente y de perfil con un número bajo su rostro y con sus huellas dactilares en los archivos de la Policía. Cindy Sheehan, 48 años, fue arrestada el lunes 26 junto con varias decenas de activistas contra la guerra de Irak cuando realizaban una sentada en un paseo de la avenida de Pennsylvania, muy cerca de la Casa Blanca.

Tres veces advirtió la policía al grupo que no podían permanecer, por razones de seguridad. Tras el tercer aviso, los agentes acusaron a los activistas de desobediencia civil y procedieron a detenerlos.

Portando un retrato de su hijo uniformado muerto en Irak, Sheehan fue levantada por los agentes, esposada y conducida al coche policial. Entonces Sheehan declaró: El mundo entero está observando esto.

Diferentes movimientos sociales y políticos en EE.UU. han usado la desobediencia civil como forma de protesta. Los activistas desafían voluntaria y pacíficamente alguna ley de manera que la policía los detenga para crear escenas propagandísticas. La ley permite desfilar frente a la Casa Blanca con carteles de protesta, pero prohíbe pararse o sentarse en la acera.

Según los organizadores, contaban con que se produjese alguna detención. Ninguno de los detenidos opuso resistencia y todos cooperaron con los uniformados.

Todos y cada uno de ellos serán acusados de manifestación no autorizada y desobediencia, lo que es un cargo menor.

Durante el fin de semana pasado, Sheehan consiguió movilizar en Washington contra la guerra a más de 150.000 personas, según la policía, y más de 300.000, según los organizadores. La “madre coraje de América”, como la llaman, se ha convertido en el símbolo del renaciente movimiento contra la guerra en EE.UU.

Desde la invasión de Irak en marzo de 2003, han muerto al menos 2.109 soldados estadounidenses y de sus aliados, entre ellos 11 de España, país que retiró sus tropas en junio del año pasado.

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