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¿Cómo sobreviven, después del paso de los años o por los golpes en el suelo, las imágenes consideradas divinas por los fieles creyentes? Mucho más cuando el anhelo de preservarlas es cuestión de fe: por haber recibido algún milagro o alguna gracia en momentos de apremio.
Pues “gracias a Dios” existen los restauradores de estas miniestatuas, en la intersección de las calles Los Ríos y San Martín. Son varias las personas que se dedican a esta actividad en el barrio, sin embargo, una familia en especial es la que se ha desempeñado en este oficio desde ya hace varias generaciones.
En esta esquina se observa cómo desde un niño de 8 años, un hombre que aparenta 50 y una señora que asoma a los 80, unen sus vidas en torno al arte de dar forma manos, dedos, brazos, cabezas. hombros, piernas o cualquier otra parte del cuerpo de las imágenes de santos.
Es que esta es una verdadera clínica en la que el yeso es el implante, la espátula el bisturí y la dedicación el antibiótico.
Una vez que salen de terapia intensiva las imágenes son llevadas a la etapa de recuperación total en la que se incluyen dosis de pintura. Con cuidado ultiman detalles.
Entonces, para la satisfacción de sus familiares los “pacientes” salieron bien de la operación. Mientras que para los restauradores esta es la respuesta a la pregunta, ¿quién dice que los santos no dan el pan de cada día? Ellos, los restauradores, saben que sí. (CCM)
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