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Crónica

No todos tienen un trabajo de 9 a 5. En Guayaquil, puertas de peluquerías, ferreterías, gimnasios y restaurantes se desenrollan antes de las siete.

Levantarse a trabajar aún en penumbras es una rutina que, por lo general, siempre disfrutan los dueños y trabajadores de ciertos negocios de Guayaquil. Un restaurante, dos peluquerías y un gimnasio son solo algunos de los locales de reciente creación, dirigidos a un mercado humano antes no tomado en cuenta: los ejecutivos.

A las 06:30, la avenida Benjamín Carrión (que une en la Alborada a la avenida Rolando Pareja con el centro comercial La Rotonda, por un lado, o con la ciudadela Sauces, por otro) luce desolada. Pocos son los automotores que la transitan y no ha llegado todavía ningún alumno del cercano colegio Blaise Pascal.

Pero en un local ubicado a pocos metros de allí, el movimiento de personal se empieza a sentir. Desde hace cuatro años, Laura Villalta Vera, de 34 años, mantiene un horario de atención exclusivo para oficinistas y ejecutivas que quieren lucir una melena impecable durante la jornada laboral. O durante las salidas nocturnas que no dan tiempo de arreglarse en la tarde.

Laura, pícara, dice que sabe hacer con sus manos muchas cosas, pero son dos las que le salen “casi a la perfección”: tinturar y cepillar cabellos. De ambas cosas se ha valido para mantener su peluquería abierta desde el 2000, con una clientela que se aproxima a las cincuenta personas por semana.

Pero la particularidad de las asiduas visitantes de Stilo’s Sebastian, es que son madrugadoras. Las clientas se levantan temprano para pasar por el gabinete antes de ir al trabajo, y reservan turnos desde las 7:00.

Casada con un militar y madre de tres hijos (de 17, 8 y 3 años), Laura aprendió el oficio desde antes de terminar la secundaria. En Quito abrió su primer gabinete en sociedad con una amiga, en la avenida de Los Shyris. Cuando volvió a Guayaquil, trabajó en diversos canales de televisión.

Nunca pensó que ese horario iba a ser el sostén de su negocio. No lo hizo por estrategia de mercado, comenta: un día decidió, luego de dejar a sus hijos en la escuela, que era mejor quedarse en el local a regresar a casa para volver a salir.

Las clientas fueron llegando poco a poco. Buscaban precisamente un lugar que las atendiera antes de entrar al trabajo y encontraron en Stilo’s Sebastian una buena alternativa. Sobre todo para épocas como Navidad, San Valentín y Fin de Año, cuando la atención se inicia a las 06:00. A veces, Laura encuentra una fila de clientes esperando.

Lo mismo le sucede a Karen Reyes Vera, de 23 años y madre de dos niño. En Russinsky, la peluquería donde trabaja, el horario que siempre está copado es el de entre 07:00 y 09:00. “Entre esas horas, el cepillado del pelo tiene promociones”, afirma Karen.

Debe levantarse cada mañana antes de las 06:00 para ir desde su casa, en Bolivia y Leonidas Plaza, hasta el local donde la esperan algunas ejecutivas con la cabellera húmeda, listas para cepillarse el cabello.

“Solo vienen mujeres en ese horario”, cuenta Karen, quien reserva turnos madrugadores para casi 15 clientas. Lunes, jueves y viernes son los días más pesados para las once operarias, que atienden por contrato previo a las chicas de servicio al cliente de empresas financieras y de telefonía celular.

En cambio, los días cercanos al fin de semana son los menos productivos para el horario ejecutivo del Hypergym. Pero igual, como lo hacen desde la inauguración en mayo del 2004, quince empleados madrugan todos los días para llegar diez minutos antes de las 06:00 y atender a medio centenar de clientes del gimnasio.

Mariuxi Salvatierra, de 20 años, administradora de Hypergym, explica que los socios que acuden en ese horario son principalmente ejecutivos jóvenes, a quienes les resulta más favorable ir por la mañana antes que por la noche, luego de la jornada de trabajo.

El gimnasio atiende desde las 06:00 hasta las 23:00, de lunes a viernes. El personal que trabaja desde la mañana lo hace hasta las 14:00, cuando es relevado por otros instructores y empleados que atienden el local hasta el cierre.

La membresía cuesta 45 dólares mensuales y las mañanas en las que más asistencia se registra desde las 06:00 son las de martes y miércoles. “La farra y los viajes disminuyen la asistencia al gimnasio en los otros días”, menciona Salvatierra.

Aunque más de cincuenta personas haciendo aeróbicos, levantando pesas o ejercitándose en bicicleta pueda parecer mucho a las 06:30 de un martes, en realidad la cifra corresponde a la tercera parte de la asistencia por las noches.

Los clientes madrugadores tienen su premio por acudir a estos negocios. En el local de Ferrisariato de la avenida Francisco de Orellana, por ejemplo, hay quienes aprovechan el descuento del 25% entre las 07:30 y las 09:00.

“Es la hora del constructor”, dijo una de las señoritas del mostrador con intención de hacer publicidad. Talvez no la necesitan. A diario, cuando el sol recién se muestra a la ciudad, ya hay una decena de carros estacionados afuera del local, con sus dueños observando los productos. Los empleados deben llegar por lo menos media hora antes.

“A veces hay personas que no alcanzan, como yo, a hacer este tipo de compras los fines de semana. Y por las noches, siempre están cerrados”, dice Eduardo Salazar, jefe de una agencia bancaria, comprador asiduo de la ferretería. Empleos que demandan puntualidad extrema a sus trabajadores motivaron el crecimiento de los negocios con dueños madrugadores.

Así lo explicó Rosa Gualaquiza, una enfermera del hospital Francisco de Ycaza Bustamante. Su turno empieza a las 07:00 en punto, y entre que envía a los chicos al colegio y se arregla, no le queda tiempo para desayunar. Pero el restaurante El Maná, de Guaranda y Gómez Rendón, es su “huequito para comer”, desde las 06:30. “No todos los empleos son iguales”, dice Rosa, con una sonrisa.

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