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El dilema de Ios Tapuy:
Quedarse o retornar de España

Historia. Saúl y Narcy consolidaron su economía familiar en Aranda de Duero, a donde llegaron hace casi 10 años. Sin embargo, siguen pensando en regresar al país, cada vez con más ganas
Por Patricio Realpe
Especial para Expreso, desde España


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patricio realpe, para EXPRESO

Clientela ecuatoriana. Fany Jacho y su familia, oriundos de La Maná, es una de las frecuentes compradoras de productos ecuatorianos en el locutorio Andinatel, de propiedad de la familia Tapuy. Ella lleva 8 años viviendo en Aranda de Duero, a 180 kilómetros de Madrid.

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Quedarse o regresar

El dilema de Ios Tapuy: Quedarse o retornar de España

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Llegaron hace más de nueve años del cantón El Chaco, en la provincia del Napo, en la Amazonía ecuatoriana. Los esposos Narci Susana y Saúl Felipe Tapuy se asentaron en Aranda de Duero, a 180 kilómetros de la capital española Madrid, que es uno de los poblados referentes culturales y sociales de la Castilla profunda, donde existen y conviven mitos y leyendas sobre sus señores de la guerra, como el Cid.

Aranda de Duero remonta sus orígenes a inicios del siglo X, cuando el río Duero se constituyó en la frontera meridional de Castilla frente al califato de Córdoba. Desde esa época, la ciudad castellana se ha convertido en refugio y albergue de emigrantes.

Al inicio se incorporaron grupos de francos, judíos, mozárabes y moriscos; ahora acoge a latinoamericanos y magrebíes, entre ellos a nuestros compatriotas, quienes debieron emigrar a otras tierras debido a una guerra silenciosa pero infame, como describen los Tapuy, a la crisis económica que vive Ecuador.

Saúl Felipe fue el primero en llegar a Madrid, donde fue acogido por familiares durante dos meses; pero pronto marchó a Aranda, donde empezó a trabajar cortando chopos, árboles maderables que los paisanos del lugar plantan. El euro que le pagaban por árbol cortado fue el inicio de su relación con los lugareños. Y con el ambiente. Su cuerpo se había ya adaptado al frío que por estos sitios llega a los 4 grados bajo cero, algo duro tras dejar el calor tropical y selvático de su pueblo, en Napo.

El arduo trabajo de hormiga que planeó daba sus frutos. Pronto pudo juntar a su familia. Luego de ocho meses llegó su hija mayor Diana, que ahora tiene 23 años; luego su tercer hijo, que tiene 18 años; y al año su mujer Narci, su hijo de 14 años Johnny, y Jackeline, de 21.

“Los largos días del verano o los fríos intensos mientras trabajaba en el corte de chopos y luego en la soldadura me han recompensado al juntar a los míos. Ahora tenemos la doble nacionalidad”, comenta Saúl Felipe. Lo dice con íntima satisfacción, pero con la voz partida. Hace una pausa en su diálogo y cambia de tema. Junto a Narci comenta de inmediato sobre su actual negocio, el locutorio Andinatel.

Me pregunta cómo di con ellos, les comento que estoy de visita por esta zona, que me interesan las culturas, su gente y si encuentro algún “pana” ecuatoriano trato de conocer cómo vive. Les cuento lo que representa esta tierra castellana en la historia de España: de aquí salieron hacia América, en una época de guerras sangrientas en Europa, los pobres de ese entonces buscando fortuna.

Que en Aranda se producen los mejores jamones de matanza y artesanales que uno puede probar; que sus vinos son considerados entre los mejores, pues compiten con los franceses e italianos. En ese momento me sorprenden unos amigos de los Tapuy poniendo en el mostrador una Pílsener, luego solo risas…

A la conversación se han sumado más ecuatorianos. Es que “el locutorio Andinatel es un sitio de reunión de ‘panas’, como para los españoles son los sitios donde se come tapas o chocolate con churros”, comenta uno de ellos.

El negocio de locutorios es muy frecuente por toda España. Narci y Saúl lo saben bien. Son los dueños, han visto una oportunidad de tener un negocio propio, comentan sus amigos. Pero uno ve ahí más que un simple lugar, al que llamaríamos en Ecuador cibercafé. Ahí encuentras cosas y productos que te transportan a los sabores y aromas de Latinoamérica. En especial, sorprenden al visitante los aromas de maracuyá y naranjilla, y el color y la forma del tomate de árbol.

Narci muestra un par de estos frutos, tan lejos de la tierra propia, tan cerca de ellos. Nos cuenta que empezaron hace un año y medio el negocio; es difícil llevarlo, pero es suyo. Para conseguir los productos hay que salir a Madrid, a Mercamadrid, compran lo que hay de temporada. Los precios son los de frutas exóticas, la caja de 22 naranjillas les cuesta 15 euros y luego venden 10 por 8 euros, así que la ganancia tampoco es grande. Un tomate de árbol lo venden a 1 euro, maracuyá o fruta de la pasión a 1,25 euros.

Sin embargo de tener una situación buena en Aranda, siguen pensando en regresar al país, cada vez con más ganas. Como muchos compatriotas, se compraron una casa, de 70 metros cuadrados, que les costó 80.000 euros, y que tienen que pagar 450 euros mensuales. Todavía les faltan 50.000 euros por pagar, ya que tienen una hipoteca a treinta años. Quieren poner un negocio en El Chaco.

Volver ellos a país, pero dejar en España a sus hijos es lo que cruza por sus mentes: “Acá hay más opciones que en Ecuador para ellos”, comenta Saúl. Narci solo escucha mientras juega con su nieto Antoni, de 4 años, y que ha nacido en la tierra castellana. Hay nostalgia en sus ojos.

Me detengo en la conversación y miro la sala donde he sido recibido. Veo que su apartamento tiene las comodidades del primer mundo y sé que nunca lo hubiesen tenido en el Ecuador, que sus oportunidades mejoraron al venir. Pero ahora con la crisis económica en el mundo, ellos lo ven duro y por eso el regreso al país está en sus planes.

Es simple, los españoles sin empleo han vuelto a hacer las tareas que antes rechazaban y hacían los migrantes. Esto les complicará porque entonces los migrantes, que son sus clientes y los que hacen marchar su negocio, serán discriminados laboralmente.

Me indican que también la legalización o entrada a la Unión Europea de Bulgaria y Rumania, permite a los ciudadanos de esos países optar por un puesto de trabajo. Narci es más dura en la apreciación: “Los de Latinoamérica hemos salvado su sistema de pensiones, estaba quebrado y ahora no; nosotros les dimos una oportunidad a sus jubilados y ahora nos desechan, esa es la realidad”.

Saúl vuelve a sus experiencias. Recuerda la época dura, pero ríe, tiene fe en el país y eso, dice él, es importante para volver. Sabe que los gobiernos han prometido el cielo y la tierra siempre, y que ahora el de la revolución ciudadana, como lo dicen también por España, ha llegado al poder y ha pedido el regreso de los que salieron por la crisis bancaria.

Saúl me pregunta, “¿tenemos oportunidades por allá?”. No sé qué responderle. Pero sus amigos abren el debate sobre el presidente ecuatoriano Rafael Correa, al que Saúl no entra. Tampoco entro a la discusión, solo quiero conocerlos, saber qué piensan, en algo sentir lo que sienten, que será imposible.

Sus amigos cuentan que (José Luis) Rodríguez Zapatero, el presidente español, ha presentado un plan de retorno, al que sus “panas ecuatorianos” se han inscrito. Pero no todos tienen derecho al regreso con la bonificación y Saúl es uno de ellos. Su desgracia es tener la doble nacionalidad.

La bonificación es solo para quienes tienen tarjeta de residente, tampoco podrán beneficiarse los “sin papeles”, los indocumentados o los que lleven poco tiempo trabajando, a los que se les paga el viaje y 400 euros. Ahí la trampa, dice Saúl. La ironía lo hace reír: lo que han ofertado es solo el derecho a recibir el paro acumulado. “Esto quiere decir los 12 meses juntos; ¿cuál es el incentivo?”, se pregunta… Esta es otra forma de decirnos fuera, vuelvan a sus naciones.

Basta de quejas, que la vida sigue. Saúl me invita a ir a un terreno apropiado para jugar el volei de tres, que es nuestro juego nacional, donde encuentro cerca de 20 panas. Ahí me siento por primera vez uno más, y la imagen retorna al parque de El Ejido. No me atrevo a jugar, son las cinco de la tarde y hace frío -2 grados, pero hay un bello sol.

>> DATOS

Dos meses en madrid
Saúl Tapuy fue el primero en llegar a Madrid, donde fue acogido por familiares durante dos meses. Pronto marchó a Aranda, donde empezó a trabajar cortando chopos, árboles maderables que se planta en el lugar.

la deuda de su vivienda
Como muchos compatriotas, los Tapuy se compraron en Aranda una casa que les costó 80.000 euros, y por la que tienen que pagar 450 mensuales. Tienen una hipoteca a 30 años y todavía les falta cubrir 50.000 euros.

el punto de encuentro
El locutorio telefónico que los Tapuy tienen en Aranda de Duero es un sitio de reunión de muchos ecuatorianos. Es como para los españoles son los sitios donde se comen tapas o chocolate con churros, dicen algunos de los compatriotas.

 

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