Un canal lleno de monte y basura que se extiende por la calle Luis
Chiriboga Parra, al norte de Guayaquil, preocupa y molesta a quienes
habitan en la ciudadela Colinas de la Alborada.
Según moradores, el lugar se ha convertido en cueva de ratas y
mosquitos, además de ser el escondite preferido de los delincuentes.
Los habitantes afectados aseguran que cansados de suplicar la urgente
intervención, tanto de las autoridades municipales como de los funcionarios
de Interagua, optaron por levantar endebles puentes de caña que
les permitiese pasar al otro carril de la vía. Lo hacen con el fin
de tomar las unidades de transporte urbano que circulan por allí.
Ayer, durante las primeras horas de la mañana, Johny López y Víctor
Hugo Reyes, moradores del sector, hicieron una colecta pública en
todo el vecindario con la intención de comprar los materiales necesarios
para la construcción de puentes.
Horas más tarde, armados con cañas guadúa, alambre, clavos y pequeños
tablones, iniciaron la elaboración de los rudimentarios pasos de
acceso; mientras desde el otro extremo, don Darwin, como lo llaman
sus vecinos, observaba con atención el desarrollo de los trabajos.
López, el más entusiasta del vecindario, aseguró que para la edificación
de cada puente de caña se requiere de un presupuesto aproximado
de 17 dólares, dinero que fue recogido durante la primera convocatoria
hecha a sus vecinos.
Tanto López como Reyes destacaron la importancia de estos nuevos
pasos, considerando que en la zona son varias las personas que se
han caído de los viejos puentes.
La propietaria de una tienda de abastos del sector, que prefirió
omitir su nombre, mencionó que la zanja fue abierta en medio de
la vía, uno de cuyos carriles está pavimentado, y el otro en tierra,
desde hace aproximadamente 15 años, fecha desde la cual nada se
ha hecho por solucionar el problema de insalubridad existente.
A más de los montes y lechuguinas que sobresalen del canal, están
las fundas de basura echadas también por los moradores del mismo
sector, situación que es cuestionada por un grupo de vecinos que
luchan por transformar el área.
Juan Carlos Vélez, otro de los afectados, aseguró que la única
forma de poner fin a la existencia de esta peligrosa zanja, es construyendo
un ducto cerrado, ya que por el canal circula el agua lluvia proveniente
de varios sectores del norte de la ciudad.
Ana Pachai, quien hace pocos días habita en el sector, confía en
que la solución llegará.