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| RICHARD CASTRO |
| Salvador Guachichulca, presidente de la asociación de proloteros, mientras revisa el pozo millonario, producto de la lotería nacional. |
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Salvador Guachichulca Carpio más conocido como el “cabezón” , padre de 4 hijos, a sus 65 años ha dedicado más de 46 a la venta de guachitos, empezó como canillita a sus 19 años y desde ahí no ha cesado en su profesión luego ascendió a distribuidor mayorista donde ya lleva 30 años y desde hace 3 es el presidente de la Asociación de Proloteros y vendedores minoristas de Lotería del Guayas.
El alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, los reconoció como microempresarios desde el 2001. La asociación que lidera está conformada por 32 personas entre minoristas y distribuidores quienes dedican su vida a este negocio.
Por la reordenanza municipal ya no están ubicados en el Parque San Francisco sino en la nueva Plaza de la Suerte ubicada en Chile y Luque asegura que en un principio les afectó la reubicación pero que poco a poco la gente ya se ha ido familiarizando con el lugar, afirma cumplir con todas las ordenanzas municipales.
Dice no molestarle la competencia pero sí la desleal que hacen algunas personas que vienen navidad o año nuevo (temporada donde incrementan las ventas) mientras ellos estan en las buenas y en las malas.
Toda mi vida he vivido de esto, menciona Guachichulca asegura que la dolarización les afectó y recuerda con cierta nostalgia la época de oro que gozaba la lotería hace unos años atrás. “La lotería se vendía como pan caliente, nos gritaban desde los balcones de las casas para venderles”. indica.
Las anécdotas son muchas desde clientes premiados hasta fatales pérdidas como la de su hermano que murió en manos de asaltantes , “lo cogieron entre ocho mientras vendía lotería y lo mataron, llegó al hospital muy herido y ahí nos comunicaron que el había muerto” además fue el quien le enseñó todo lo que ahora sabe, asegura Guachichulca.
Así también recuerda cuando uno de sus clientes se ganó 100.000 sucres en ese tiempo equivalían a una gran suma de dinero como el dice “ un capitalazo”. El premio se lo llevó un guardián al que había fiado, recuerda sonriente. “Cuando él supo que había ganado el premio mayor me regaló 12.000 sucres que era bastante en ese tiempo y con eso compré algunas cosas para mi casa” dice.
Guachichulca no ha amasado fortuna pero es feliz haciendo esta labor todos los días. “Trabajaré hasta que Dios me de vida” menciona.
El negocio de la lotería ya no es rentable como lo era antes, asegura Gonzalo Arceño Arce Tupac Yupanqui, cuencano de 71 años , quien asegura ser descendiente directo de la casta incásica del Tahuantinsuyo. Este padre de 5 hijos y abuelo de 3 nietos, siempre ha vendido lotería, lleva más de 40 años dedicado al oficio.
El ha sido canillita y también distribuidor pero le va mejor como informal, “así ganó más” expresa Arce. A él tampoco le faltan las anécdotas; recuerda con mucho entusiasmo que algunas veces varios de sus clientes ganaron la lotería no todos se llevaron el premio gordo pero eso sí le reconocieron considerablemente.
Pero no todo fue color de rosa, a lo largo de su trayectoria como vendedor de lotería ha tenido que enfrentar varios obstáculos como envidia de sus compañeros por que vendía más, enfermedades que casi lo llevan a la muerte y varios robos.
“La primera vez que me robaron, me arrancharon todo, los billetes de lotería y el dinero”, recuerda Arce.
Alegrías,tristezas,triunfos, fracasos, son los matíces que han marcado la vida de éstas personas dedicadas a la venta de los productos de la lotería nacional.
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