Cerca de 500 personas habitan Chinapintza, ubicada en Zamora Chinchipe, y menos de 100 se encuentran en La Fortuna. Carlos es una de ellas.
A las 12:00 se alista, con dos amigos, para reemplazar a los mineros que salieron de uno de los túneles. Ellos engrasan una carretilla sobre la que colocan picos y palas.
Tras vestirse con un encauchado recorren los 150 metros de longitud hasta llegar al inicio de la beta, a la que descienden, como si fueran comandos de fuerzas especiales, a través de una cuerda de 15 metros de largo.
La luz de tres focos solo brinda claridad a menos de un metro, pero no la necesitan, la rutina evita que se magullen los dedos con el combo y el cincel.
El oro lo sacan en un balde y en sacos, que son llevados al área de limpieza y triturado de rocas, porque las “pepas” no se encuentran ahí.
A las 17:00 salen a tomar unas cervezas, con parte de los $ 300 que cobran cada mes. A pesar de ser mineros no viven con riquezas.
De lo único que disfrutan es la amistad que cada tarde se fortalece con los partidos de volei, y las historias que relatan en sus visitas a las “Magdalenas”, en el cabaré más cercano.
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