COLUMNISTA INVITADO
Educación
y democracia
Abelardo
García Calderón
colaboradores@granasa.com.ec
Escuchar
hablar a nuestro pueblo llano y sencillo, prestar atención
a la construcción del pensamiento de quienes constantemente
están llamando a radiodifusoras para expresarse en uno u
otro sentido es aproximarse a una realidad preocupante. La coherencia
de un pensamiento, siguiendo un hilo conductor, generalmente no
existe, las palabras que se ajustan al pensamiento rector y a lo
que se desea expresar, generalmente no se encuentra. En ocasiones
hay que hacer todo un ejercicio mental para interpretar con claridad
la pregunta o la exposición. Esto, lejos de ser una crítica
insana, es una reflexión que queremos trasladar a la conciencia
común, a fin de pensar clara y seriamente en nuestra educación
como fuente de poder, fuente electoral, como fuente de criticidad
y capacidad de elegir.
La
democracia, como todos sabemos, nace en Atenas y no por casualidad
en la ciudad más culta de la Grecia antigua, esa cultura
resulta ser el tubo de ensayo donde nace este nuevo ejercicio político.
Referente de las artes universales, cuna de la filosofía
occidental, Atenas desenvuelve su vida alrededor del ágora
y sus decisiones, fundamenta su poder en el poder del pensamiento
de sus ciudadanos, de sus gentes, de sus políticos; si la
democracia, entonces, desde que nace supone como requisito cultura,
preparación del individuo, capacidad de acierto ciudadano,
cómo poder ser indiferentes hoy cuando los ingredientes fundamentales
que la constituyen, al menos en nuestro país, están
escasos, no se cultivan, ni fomentan.
Desde
esta perspectiva no resulta difícil interpretar el por qué
de a poco la calidad del elegido entre nosotros se ha deteriorado,
y el por qué todo un electorado sucumbe más fácilmente
ante propuestas populistas, demagógicas, irracionales y en
ocasiones hasta ilógicas.
Tener
una mala educación no solo que perjudica y pone en juego
el éxito personal, la capacidad de triunfo, la producción
y el nivel de consumo de un individuo, sino su capacidad y derecho
a vivir en sociedad, de autogobernarse, de ser un ente claro de
decisión; la necesidad de inversión del Estado en
educación es urgente; es urgente no solo por las tantas y
muchas razones que en esta columna vamos expresando en el día
a día cuanto por el modelo político que decimos vivir
y sostener.
La
democracia exige, requiere un ser humano libre, ético, con
capacidad de análisis y con clara voluntad y criterio para
elegir, escogiendo lo mejor; no preparar a ese individuo, a ese
elector desde pequeño, desde que nace, resulta atentar contra
un modelo, contra un sistema que es el que nos sostiene y nos soporta
como nación.
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