cuestionamientos
Exijamos justicia y respeto
Nelly
de Jaramillo
jaramillon@granasa.com.ec
El
embajador norteamericano en Bogotá, William Wood, se ha creído
en la obligación de contestar las críticas hechas
por el Gobierno del Ecuador sobre la fumigación indiscriminada
con glifosato en la frontera colombo-ecuatoriana.
A William Wood le pareció
sorprendente que el canciller ecuatoriano doctor Antonio Parra Gil
presionara a Colombia por la suspensión de las aspersiones
aéreas en la zona fronteriza que afectan no solo a los cultivos
sino a sus habitantes poniendo su salud en grave riesgo.
Según Wood, el glifosato
es famoso porque “no se infiltra en el suelo ni contamina
los ríos”, de acuerdo a un presunto estudio de la OEA.
Pero ocurre que estudios recientes realizados “in situ”
por expertos ambientalistas reconocieron los daños que las
fumigaciones han causado a los cultivos y a pobladores de la región
que han sufrido estragos en su salud que en varios casos han concluido
con su muerte.
El señor Wood dijo también
que el Ecuador importa 800.000 galones de glifosato anuales para
fumigación en el país utilizando el sofisma, el ocultamiento
y la tergiversación de la verdad, pues el quid del asunto
no radica en la utilización del herbicida sino en la forma
como se aplica. Además la Asociación de la Industria
y Protección de Cultivo y Salud Animal (Apcsa) determinó
que se importa solo 400.000 galones con una concentración
de 480 gramos por litro, es decir, la mitad de lo señalado
por el señor Wood. El herbicida se aplica en forma dirigida
a la maleza antes de la siembra del producto y quienes lo hacen
utilizan “equipos de protección”. En consecuencia,
el glifosato sí es nocivo para el ser humano y destruye los
sembríos de cualquier clase cuando se fumiga indiscriminadamente
desde el aire.
Por otro lado, según el
Ministerio de Agricultura, el químico ha estado siendo utilizado
para erradicar plagas en el banano, café y cacao, pero se
ha comenzado a reemplazarlo, seguramente a la luz de las evidencias
actuales.
Sin embargo para las organizaciones ambientalistas nacionales e
internacionales el caso no termina ahí. El glifosato en Colombia
es mezclado con el temible Roundup-Montsanto, cinco veces más
tóxico y capaz de destruir la naturaleza y matar al ser humano.
Lo han venido denunciando por años pero las autoridades han
callado. El actual Gobierno y el canciller Parra Gil han sido los
primeros en sensibilizarse respecto del problema. Esto se explica
porque los anteriores gobiernos han temido lesionar las relaciones
internacionales si adoptaban posiciones dignas y soberanas, a la
vez que protectoras de la vida humana.
Prueba flagrante de esta pusilánime
política de Estado es lo que está pasando en el caso
Oxy, en el que solamente el procurador del Estado sigue luchando
para evitar que los obsecuentes y muy bien pagados servidores de
dicha transnacional perjudiquen los legítimos derechos del
Gobierno y pueblo ecuatorianos. Puede ser que como dijera algún
testaferro, el desenlace tome tiempo todavía y tengamos que
“esperar sentados”, pero no hay nada que impida que
el descontento popular nos obligue a levantarnos y sancionar a los
vendepatria.
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