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ANÁLISIS
Colombia y el TLC

Hugo Larrea Benalcázar
larreah@granasa.com.ec

En la hermana república de Colombia existen criterios divididos en relación con la firma del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos de Norteamérica. No es exacto que haya identidad de propósitos al respecto en ese país. Por el contrario, numerosas son las voces que exigen al ilustrado gobierno de Uribe Vélez un estudio serio antes de proceder a afirmar, como lo hacía “vuestro” Gutiérrez: “el TLC va porque va”.

El senador colombiano Jorge Enrique Robledo, durante el foro organizado por el Senado de la República “Cómo va el agro en el TLC”, expresó de manera enérgica lo siguiente: “Si el presidente Uribe Vélez sacrifica el interés nacional de Colombia en el Tratado de Libre Comercio con los EE.UU. podría ser acusado ante la Cámara de Representantes por el delito de traición a la patria”.

El congresista afirmó, además, “que los artículos 455 y 457 del Código Penal imponen penas drásticas hasta de 540 meses de prisión a quien realice actos que tiendan a someter a Colombia en todo o en parte al dominio extranjero o afectar su naturaleza de Estado soberano, o a quien al gestionar asuntos de Estado con gobierno extranjero actúe en perjuicio de los intereses de la República”.

En su filípica añadió: “hay evidencias suficientes para probar que el TLC puede arrebatarle a la nación colombiana la seguridad alimentaria y la soberanía nacional. Además de lo ya perdido en los últimos quince años de apertura económica, el país arriesga perder otro millón y medio de hectáreas agropecuarias y otros 400.000 empleos en el sector. Es inconcebible, además, que en un tratado internacional, el Gobierno haya decidido legalizar el dumping, una práctica prohibida por la Organización Mundial de Comercio”.

Pero esta no es solamente una voz en el coro de exigencias que recibe el ilustrado gobierno de Uribe Vélez por su acercamiento demasiado ostensible al gobierno del señor Bush. Múltiples son las voces que, como la de Robledo, expresan que “lo que está en juego es demasiado serio y vamos a defender el interés de la nación, cueste lo que cueste”. Lo cual contrasta con la postura tutelar que Uribe ha adoptado al presionar de varias formas al Ecuador para que se someta a la firma del TLC “lo más pronto posible y si es posible antes”. Inclusive el senador Hugo Serrano Gómez, presidente de la comisión quinta de la Corporación, denunció que “el gobierno no tiene puesta la camiseta de Colombia en las negociaciones, sino la de Estados Unidos”.

El Ecuador puede ser “folclórico y aldeano”, pero sigue siendo un Estado soberano, libre e independiente, que no se somete ni se someterá a designios foráneos ni acepta presiones de ninguna especie, así estas provengan de la especie a la que pertenece el inteligente e ilustre presidente colombiano, nada folclórico y muy civilizado, como es público y notorio.

Tiempo atrás, el empresario vallecaucano Emilio Sardi manifestó ya que “quienes resulten perjudicados con el Tratado deben exigir una compensación al gobierno. “Hay que prepararse para demandar al Estado”, dijo en tono airado al diario El País, de Cali. Y Uriel Ortiz Soto, en El Espectador, de Bogotá, escribió: “Está sucediendo lo que se preveía, meternos en la boca del lobo. Nuestro país, bajo ningún punto de vista, estaba preparado para sentarse en la mesa de negociación con miras a firmar el TLC”. Y César Gaviria, ex presidente de Colombia, declaró paladinamente: “Los colombianos deben tener suficientemente claro que cuando se firman acuerdos como el TLC, así como resultan sectores beneficiados, hay otros que se perjudicarán”.

En El Tiempo, de Bogotá, Pedro Medellín acota en pensamiento de Gustavo Bell, ex vicepresidente, “que es menester “reacciones primarias” para pedirle al presidente que se serene y que asuma una actitud de estadista”. También sostiene que: “El presidente cayó en la trampa de las verdades a medias”.

Estas expresiones revelan con claridad que una es la postura de una gran mayoría de colombianos y otra la del señor presidente Uribe Vélez, con todo respeto sea dicho, en relación con el TLC. Las presiones sobre nuestro país salen sobrando.

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