El título no se refiere a un programa que mejore la ciudad. Guayaquil ya no ensaya. Despegó hace 15 años con un desarrollo local ascendente, implementado por el Municipio que ha transformado económica, espacial y socioculturalmente la ciudad, bajo los liderazgos del difunto Febres-Cordero y Jaime Nebot. Por eso no ensaya ni improvisa. Sigue su ruta de transformación y progreso. La mejora y avanza con su modelo de regeneración, de generalizada y masiva aceptación ciudadana que se ha probado como adecuado, estratégico y progresista.
Esta ruta de cambio va más allá de lo ornamental. Engloba diferentes aspectos: económicos, socioespaciales, culturales. Atiende a todos los sectores sociales.
Abarca y cambia: lo turístico, regenerativo, educativo, la salud, el agua, la vivienda, el desarrollo humano, las discapacidades, calles, parques, escuelas, canchas, computadoras, escenarios turísticos populares (La Playita, Viernes Santo, en el Guasmo y Puerto Hondo), maternidad, atención quirúrgica, mercados, víveres y canasta popular, alcantarillado, pavimento, relleno, arte, literatura, poesía, historia, música, bibliotecas, presentaciones artísticas populares, educación masiva y cualificación de recursos humanos por TV (Aprendamos), registro civil, incorporación de ex pandilleros al desarrollo social, impulso y reconocimiento a la cultura popular (Museo de la Música Popular, eventos, etc.), revalorización de la identidad y recuperación de la autoestima cívica, y un gran etcétera.
Por eso Guayaquil no ensaya. Es dueña de una ruta de desarrollo, transformación y progreso que no tiene signo ideológico-político. No es socialcristiana ni roja. Es ruta de cambio. Es celeste y blanco. Canta los himnos del 9 de Octubre y nacional como cantos de libertad. Valora a JJ, participa en la procesión de Cristo del Consuelo, baila salsa, cumbia, merengue, bolero, reggaeton, rap, etc. Socialmente es liberal; económicamente, mercantil capitalista; étnicamente, mestiza; culturalmente, plural; recepta lo externo y lo procesa tropicalmente, etc. Por eso es ridículo, pueril y tonto afirmar que hay que recuperar Guayaquil, “el último reducto socialcristiano de la vieja partidocracia”. Los guayaquileños ya recuperamos Guayaquil del latrocinio, suciedad, abandono y voracidad centralista.
Hoy se busca desviar el progreso de Guayaquil, hacerla ciudad dependiente y subordinada al poder del neocentralismo, retrógrado y autoritario. Por eso, Guayaquil y su civismo deben saber responder y programar su defensa ante esta ofensiva política que busca retroceder el reloj de la historia. Quince años de desarrollo local, cambio y progreso nos enseñan que no hay un Guayaquil socialcristiano y otro socialista. Hay un solo Guayaquil: el que cambia, desarrolla, progresa y avanza. No nos dejemos desviar del Guayaquil del cambio y progreso, que no es amarillo ni verde ni rojo. Su ruta es celeste y blanca envuelta en la tricolor que sabe valorar y defender su libertad.
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