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Los efectos de la crisis financiera y económica mundial están afectando también al Ecuador, y está siendo una prueba significativa, entre otras cosas, sobre el sostenimiento de la dolarización.
La sustitución de la moneda nacional con una “fuerte” de otro país tiene dos implicaciones principales para la política económica. La primera, la más evidente, es que quita a las autoridades locales el control sobre la política monetaria.
La oferta monetaria depende de la balanza de pagos. Si está en superávit, la oferta monetaria crece y viceversa si está en déficit, la demanda se contrae. La segunda y menos percibida es que la política fiscal tiene que estar orientada a la estabilidad macroeconómica de mediano plazo: esto implica, entre otras cosas, que los sueldos crezcan en línea con la productividad, para que se incremente el diferencial de la inflación, y los productos locales no se vuelvan menos competitivos comparados a aquellos de otros países con la misma moneda fuerte.
Si la política fiscal es creíble, el beneficio principal es que reduce el costo del endeudamiento exterior y la incertidumbre de los agentes económicos domésticos, favoreciendo así las inversiones a mediano y largo plazo en los sectores productivos.
Desde que el Ecuador adoptó la dolarización, en 2000, la economía mundial ha vivido una situación extraordinaria que ha representado el mejor mundo posible para el Ecuador dolarizado. La balanza de pagos ha sido ampliamente positiva gracias al contemporáneo aumento del precio del petróleo, la depreciación del dólar y el aumento de la remesas.
Aquello, combinado con la afluencia de capitales y la estabilidad del cambio, en vez de representar un vínculo a la política fiscal, le ha ampliado los márgenes de maniobra en el corto plazo, relajando cualquier disciplina. De hecho, el crecimiento de la oferta monetaria, derivada del superávit de la balanza de pagos, no fue contrabalanceado por una política fiscal restrictiva, que al contrario ha sido expansiva.
Es por esto que un aumento del consumo del sector público, financiado por las entradas petrolíferas, se refleja en un aumento del consumo del sector privado sostenido por las remesas de los emigrantes. Pero ese crecimiento de la economía guiada por los consumos provocó un aumento de los costos internos, de los servicios y de los salarios reales.
Los efectos de la pérdida de competitividad no han sido percibidos por el sector petrolero y de la materia prima, gracias a la depreciación del dólar y al alza de los precios de la materia prima. Al contrario, impactó a la industria local porque sus productos se hicieron menos competitivos y sustituidos en el mercado doméstico por los bienes importados.
Ahora el escenario cambió drásticamente. Esta es la crisis global más grave desde el 1929, que ha provocado respuestas sin precedentes por parte de las economías desarrolladas. Ecuador sufre como los otros países. La alternativa es salir de la dolarización y devaluar. Solución más fácil, desde el punto de vista político en el corto plazo, porque permitiría reducir al mismo tiempo el valor real de la deuda en moneda local y de los sueldos reales sin reducir los nominales. Sería también la única solución que justificaría la compra de la deuda externa en este momento. En efecto, con la compra ahora se reducirían los efectos del fortalecimiento del dólar mismo en relación a la nueva moneda local.
Sea lo que sea, sería una derrota, porque Ecuador habría perdido una oportunidad para adoptar una fuerte disciplina económica y lo llevaría una vez más en la espiral de la inflación, de las devaluaciones y del proteccionismo. Sería también una “no solución”, porque la inflación, el impuesto más injusto, se aplica indiscriminadamente afectando a los más pobres, golpeando el valor real de sus sueldos y de sus ahorros. En conclusión, los próximos meses serán decisivos. La dolarización no es ni buena ni mala, pero implica que las reglas de juego deben ser seguidas con rigor. Ecuador no ha seguido estas reglas.
Moratoria fue errada
La reciente acción unilateral de moratoria parece la cosa equivocada en el momento equivocado, al menos por 4 razones: 1) no es justificada bajo el punto de vista financiero, porque Ecuador es solvente; 2) no tiene fundamento bajo el punto de vista de Derecho Internacional, pues crea antagonismo con los inversionistas internacionales; 3) la eventual compra, con un fuerte descuento, tendría un efecto deflactivo, porque reduciría la reserva monetaria, y, 4) la moratoria está creando un daño irreparable a la imagen y credibilidad internacional del Ecuador.
País no fue restrictivo
Ecuador ha adoptado políticas fiscales expansivas cuando el resto del mundo seguía políticas restrictivas, y hace poco tiempo ha adoptado una estrategia agresiva en el manejo de la deuda exterior que ha provocado un aumento del premio al riesgo.
La consecuencia es que los márgenes son muy estrechos para adoptar las políticas que serían oportunas en este momento para poder sostener la economía del país. Más aún cuando sus ingresos caen como el petróleo, que bajó de 85 dólares hasta a $ 18 (actualmente está en 25 dólares).
el costo
por riesgo
La moratoria no solo provocó un aumento del costo de la deuda externa del Ecuador (el riesgo subió desde 500 a inicios de 2008 hasta 6.000 puntos básicos), sino también cerró la posibilitad de hallar nuevos recursos en los mercados internacionales. |