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Leyes pro-delito
El júbilo con que el Presidente de la Asamblea Nacional, Arq. Fernando Cordero, se refirió a la aprobación de lo que es en realidad una nueva Ley de Hidrocarburos, no simples reformas, hizo que la gente se acordara de la vieja y sabia expresión popular: “Bueno es culantro, pero no tanto”. Esta actitud de quien preside una llamada Función Legislativa, además de exagerada es incomprensible en un ciudadano inteligente como el arquitecto Cordero, pues con ella se declara cómplice de una de las maniobras más ofensivas contra la propia Asamblea, pues se trató nada menos que de un engaño público, dentro de un proceso de gran importancia para el país. A las maniobras dilatorias en la discusión del proyecto de reformas a la Ley de Hidrocarburos, a las que me referí ayer, se une según nos enteramos por propia boca, la extraña complacencia de quien preside la Asamblea, institución cuyo prestigio tan disminuido como estaba, se deterioró más. A la Asamblea no solo la margina el Presidente de la República, sino que a la marginación se presta el bloque oficialista.
¿No fue el propio arquitecto Cordero el que, demostrando que estaba dispuesto a hacer todo esfuerzo para que el proyecto al que me refiero sea debatido en segunda, en la cual posiblemente se habían de hacer algunas reformas, convocó a una sesión que debía realizarse extrañamente en la noche del domingo pasado? Asistieron al palacio legislativo los diputados gobiernistas, bajo el control directo del asesor jurídico de la Presidencia de la República y del Canciller, pero no bajaron al recinto de sesiones; simplemente observaban que los del bloque de la oposición hacían varios esfuerzos para que se instale la sesión, mientras se registraban actitudes sospechosas: atrasos, ausencias, vacilaciones y ese juego de las escondidas de muchos de los diputados que ya se habían alineado con el Gobierno.
¿No es esto un gesto de desprecio, de sometimiento, de docilidad por parte de la mayoría gobiernista de la Asamblea del cual participa su propio Presidente? ¡Muy bien! Pero que de ello públicamente se alegre el alto funcionario, tenga frases laudatorias, adopte la tesis del Ejecutivo de que ¡ya el petróleo es nuestro!, es una actitud de quien se prestó para que la Asamblea sea objeto de manipulación.
Desde luego, estamos en un sistema autocrático, concentrador del poder, pero teóricamente todavía mantiene algunos atisbos de principios democráticos; más, con la actitud observada respecto a la Ley de Hidrocarburos, por el Presidente de la República y el de la Asamblea Nacional, se ha perdido ese atisbo que daba alguna esperanza.
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