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Sentado en un mueble de su casa ubicada en el Guasmo Norte, Jonathan frota lentamente sus manos y luego las esconde entre sus rodillas pensando en los 10 días que estará lejos de sus padres.
Luego empieza a hablar de manera más fluida de su viaje el 26 del presente a Arizona, Estados Unidos, para hacer lo que más le gusta: jugar béisbol.
Se transporta por unos instantes a los ‘diamantes’ en suelo norteamericano y su sonrisa empieza a resaltar dejando atrás la ansiedad inicial y da paso a la ilusión por la experiencia que se le avecina donde asegura que va a divertirse y aprender. Esto forma parte de una serie de felices sucesos que ha vivido el pelotero desde que empezó a practicar la disciplina hace dos años y medio en las canchas del CAMI 7.
Recuerda que su deseo de tener un guante de béisbol lo motivó a ahorrar dinero para comprarse aquel implemento; pero que lo tuvo gracias a una donación que hizo desde Nueva York el profesor dominicano Reynaldo Beltré, quien tras leer el artículo sobre el pequeño pelotero, en la edición de Diario EXPRESO el 25 de septiembre del 2008, se sintió conmovido y ayudó a que se cristalice este sueño. Esto fue solo el aviso de que le esperaban aún nuevas alegrías.
Sin saber de una futura recompensa, siguió practicando con la tutela del entrenador José Herbas. Su capacidad llevó a Jonathan a destacar entre sus compañeros. Pero, esto era algo que no compartía con sus padres, Líder Zamora y Sonia Cuero, quienes pensaron que el pequeño salía a jugar fútbol.
Su madre se enteró de su afición por el deporte porque, preocupada, asistió a la escuela Guillermo Soto para averiguar el porqué del descenso en sus notas. Esto se debía a los horas dedicadas al juego de ‘la pelota chica’. Un diálogo y la condición de que mejore su aprovechamiento escolar para seguir en esta disciplina fue suficiente para solucionar el problema.
Tanto Líder como Sonia, por momentos están incrédulos de la experiencia que va a vivir su hijo gracias a la iniciativa del Consulado General de Estados Unidos; incluso su padre, que labora como conductor para una cadena televisiva, prefiere no contárselo a nadie.
“Es que prefiero no decir nada, yo estoy más emocionado que él”, dice entre risas. “Yo también estoy emocionado papi”, lo interrumpe Jonathan, dejando a una lado la timidez.
El pequeño se explaya un poco más contando la forma en que le dieron la noticia.
“El profe Herbas me dijo que me ponga pilas para un viaje a Estados Unidos para jugar béisbol y, ya pues, ahora me esfuerzo más”, sostiene mientras coloca sobre el guante, ya desgastado por el uso, el pasaporte con el que viajará para aprender más sobre el béisbol.
El costo del pasaporte es de 85 dólares. 50 dólares para el documento salieron del bolsillo de sus progenitores y la Asociación Provincial de Béisbol colaboró con 35.
Jonathan no deja de lado dos pelotas de béisbol, las mismas que son prestadas, y dos medallas obtenidas por sus buenas actuaciones en los torneos del plan de masificación que emprende la entidad pelotera guayasense, donde interviene con gran suceso.
Con los ojos vidriosos, el emocionado beisbolista le promete a sus padres que triunfará. Ellos lo abrazan y se preparan para el día del viaje, pero pensando en que su hijo cumplirá otro de sus sueños pensando un día en llegar a las Grandes Ligas.
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