Noruega inauguró el martes pasado el primer prototipo de central osmótica, una tecnología que explota la reacción obtenida cuando el agua dulce se encuentra con el agua salada, nueva etapa en la búsqueda de energías limpias susceptibles de ayudar a luchar contra el calentamiento planetario.
En una vieja usina de cloro de ladrillos rojos en las orillas del fiordo de Oslo, la compañía pública noruega Statkraft probará una forma de energía que debería permitir a los países que disponen de acceso al mar reducir su dependencia de las energías fósiles.
La ósmosis es un proceso ampliamente expandido en la naturaleza que permite a los árboles absorber agua a través de sus hojas, un fenómeno ya explotado por el hombre para transformar el agua de mar en agua dulce.
Cuando dos masas de agua, una dulce y otra salada, se ponen en contacto a través de una membrana -fina película que bloquea la sal, pero deja pasar el agua-, la primera migra en forma natural hacia el recipiente de la segunda, generando una presión que una turbina convierte en electricidad.
Tiene ventajas. En forma opuesta a otras energías limpias como la solar o la eólica, la energía osmótica produce un flujo de electricidad estable, independientemente de las condiciones meteorológicas.
Inaugurado por la princesa noruega Mette-Marit, el prototipo situado en Tofte, 60 km al sur de Oslo, solo tendrá en una primera etapa una capacidad de “unos cientos de vatios”, apenas lo suficiente para hacer funcionar una cafetera, aunque luego debería alcanzar una producción de entre 2 y 4 kilovatios.
Pero la compañía tiene como objetivo construir hacia 2015 un primer ejemplar comercial de 25 megavatios, con lo cual se podría alimentar unos 10.000 hogares.