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El abogado que alimenta su espíritu enseñando
Testimonio de Francisco Nugué Hill. A sus 73 años, después de haber sido funcionario del velasquismo y de trabajar en la administración del gobierno y las alcaldías de León Febres Cordero, Nugué disfruta de su profesión y la cátedra Ronald G. Soria
Redacción Guayaquil

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La memoria que el doctor en Jurisprudencia Francisco Nugué Hill tiene, a sus 73 años, es admirable. Habla de hechos del acontecer nacional dando fechas exactas. Es que “mi pasión es la Historia del Ecuador”, dice y se revela como un lector frecuente, que posee una biblioteca “algo nutrida” sobre esta materia.

Sus cuatro décadas en el ejercicio profesional privado, su trabajo como funcionario público y la cátedra que dictó en las universidades de Guayaquil y Católica, y la de Derecho Tributario que imparte en la de Especialidades Espíritu Santo (UEES) son sus credenciales académicas.

De estas actividades se expresa de modo conciso, con buen uso del lenguaje y con el dominio de la oralidad que le han dado los años, como todo buen abogado.

“Desde muy joven, a los 37 años, fui ministro del Tribunal Fiscal de la República, que es la Corte Suprema de Justicia, pero relacionada con los tributos, o sea, los impuestos. Permanecí allí hasta finales de septiembre de 1977. Antes, en 1972 y parte de 1973 fui juez Sexto Provincial del Guayas. Después, por más de 4 periodos, fui árbitro del Centro de Mediación y Arbitraje de la Cámara de Comercio de Guayaquil. Y vocal del Tribunal del Crimen...”, señala el caballero que se define a sí mismo y con jocosidad como un “viejo” o “adulto mayor, como dicen los españoles”.

Su familia, sus profesores, compañeros de aulas y sus alumnos son su orgullo. Al igual que su lugar de origen.

Se revela como un “guayaquileño de cepa”, de raíces catalanas, inglesas, italianas y polacas. Es hijo de Enrique Nugué, uno de los fundadores del octogenario equipo de fútbol Barcelona Sporting Club; y de Mery Hill. No por eso es barcelonista, sino que divide su corazón entre Emelec y Barcelona, pasión que nació desde que era un niño y vivía en el barrio del Astillero.

Es nieto del maestro catalán de piano y solfeo, Francisco Nugué, quien fue profesor fundador del Conservatorio de Música Antonio Neumane.

“La admiración por mi abuelo, quien murió cuando yo tenía 6 meses de nacido, se despertó por los comentarios elogiosos que me hacían personalidades, viejos profesores y amigos, como los doctores Antonio Parra Velasco, quien fue mi maestro y alumno de piano del abuelo Nugué; y Ángel Felicísimo Rojas...”.

De su abuelo materno, el ingeniero inglés John Hill Bennet, también habla con orgullo. Cuenta que Hill se encargó de la fábrica de gas que proporcionaba el alumbrado público a la ciudad y trabajó en la empresa de tranvías.

De pronto Nugué hace una confesión: fue secretario particular del ministro de Educación, Adolfo Jurado González. Y subdirector de Trabajo durante el gobierno del doctor José María Velasco Ibarra. Pero sin ser velasquista, sino liberal radical, como “Raúl Clemente Huerta... Fui secretario de la Junta Suprema del Partido Liberal hasta 1960, pero intereses de grupo me desmotivaron”.

Agrega que tuvo aproximaciones con el Partido Socialcristiano (PSC), pero no llegó a ser militante.
Conoció de cerca al recientemente desaparecido ex presidente León Febres Cordero, en cuyo gobierno fue subsecretario de Trabajo. Además se desempeñó como jefe de asesoría jurídica de la Corporación Estatal Petrolera Ecuatoriana (CEPE). El mismo cargo lo tuvo en la Empresa Cantonal de Agua Potable y alcantarillado de Guayaquil. Antes fue procurador Síndico de la Empresa Municipal de Agua Potable, durante las alcaldías de Febres Cordero.

El último cargo público lo ocupó en 1999. Desde entonces no volvió a aceptar las invitaciones que ha recibido para trabajar en la función pública, pues considera que esos pedidos deben venir de personas que lo conocen y por ello le encargan una responsabilidad de ese tipo. Velasco Ibarra y Febres Cordero lo conocían, por eso trabajó con ellos, afirma.

Francisco Nugué Hill disfruta del ejercicio privado de su profesión y de la cátedra. Manifiesta que los universitarios de la UEES alimentan su espíritu.

“Fui amigo personal y gran admirador, por su entereza y calidad moral, de Raúl Clemente Huerta. Él decía que ser profesor le permitía mantener su corazón joven porque el estar en contacto con los jóvenes lo mantenía actualizado. Los estudiantes motivan y cuando se tiene alumnos estudiosos, vale la pena”, como él lo demuestra.