Teatro José de la Cuadra, un espacio para disfrutar de la libertad y el arte
“Si hay un sitio que le recomendaría a un extraño que por primera vez ponga sus pies en Guayaquil, ese sería, no lo dude, el teatro al aire libre José de la Cuadra.
¿Por qué? Es uno de mis lugares preferidos de la ciudad por muchas razones.
Pero, la principal, porque le ha devuelto a la ciudad la oportunidad de presenciar espectáculos artísticos, de buena calidad, de manera constante y gratuita.
Un turista puede pasar por este teatro en cualquier momento para presenciar eventos de primera, y además contemplar la Iglesia de Santo Domingo, que en las noches luce como un claro de luna.
Hasta ese lugar, no solo desciende el arte. También baja esa brisa que viene del mar a través del río Guayas.
Y desde allí, sin mayor esfuerzo visual, puedes contemplar la majestuosidad del cerro Santa Ana, del faro, de su diminuta iglesia, empotrada en lo alto, como el estandarte de un bajel”.
Rubira y el río Guayas de sus composiciones
“Creo que venir a Guayaquil y no contemplar la majestuosidad del río Guayas, es no haber pasado por aquí.
Muchas de mis canciones nacen del amor hacia Guayaquil, en especial me atrae todo lo que es acariciado por el río Guayas, al que le dediqué esta canción:
“Río Guayas, grande y hermoso, eres el Continente de América sutil / yo te canto río con todo el corazón / porque eres tú la joya y eres toda la gloria que posee el Ecuador.
Y venir hasta su orilla y no darse un paseo por el renovado Malecón para luego pararse ante la rotonda y contemplar ese saludo fraterno entre el libertador Simón Bolívar y San Martín, tampoco es haber venido”.
Una ciudad seductora en la que hasta un inglés ya no es inglés
“Lo que más me gusta de Guayaquil es la gente. Pienso que es su principal atractivo, a pesar de la belleza de su río y lo pintoresco del tradicional barrio Las Peñas.
Como dice Alfredo Pareja Diezcanseco, ‘de Guayaquil lo extraordinariamente valioso es la gran vivacidad de la gente del pueblo, del limpiabotas, del canillita, del que camina por la calle. Son de una condición humana admirable’.
En ‘Identidad guayaquileña’, Willington Paredes amplía este concepto en los siguientes términos: “La guayaquileñidad resulta ser una pasión urbana, un lenguaje, una experiencia social y vital que, consciente o inconscientemente, se adquiere cuando vivimos en Guayaquil y cuando venimos a ella para quedarnos”.
Yo agrego que la dinamia dialógica y secuencial de su gente -el negro, el blanco, el mestizo-, del río y el estero Salado, del pasado, del presente y el porvenir, determinan su capacidad seductora y devoradora que convierte a los que llegan en unos cuantos años, en guayaquileños, sean italianos, libaneses, jamaicanos, alemanes, chinos y hasta catalanes e ingleses.
Por eso me ratifico: lo mejor, lo máximo de Guayaquil es su gente, su incuestionable calidad humana”.
Plaza San Francisco, con un aire cosmopolita único
“Me gusta el corazón de Guayaquil. Tiene una escala metropolitana que no se siente en todas las partes de la ciudad. Es una plaza abierta de dos calles colindantes, que la vuelve mucho más interesante. La plaza atrapa al peatón, además el contraste de las escalas de los edificios con el estilo y la presencia de la iglesia. No siento que se repita en ningún otro lugar.
Es una de las pocas plazas que tiene dos características que son raras de encontrar en el resto de Guayaquil. Primero, sigue siendo abierta. Las otras tienen cerramientos. Esta es una plaza que no trata de ser ajardinada, eso le da un carácter más público que paisajístico. Esta plaza sigue siendo un sitio de congregación, tiene una especie de valor equivalente a ser un foro de la ciudad.
También la historia de la plaza es muy atractiva. Siendo ya este uno de los espacios más imponentes del cantón , empezó siendo en el siglo XIX uno de los barrios más pobres. Los franciscanos se radicaron aquí”.
El centro es parte del reinado de María José
“Las grandes ciudades del mundo no tienen centro, sino centros. Guayaquil, en cambio, tiene uno, que es único por ser especial. Cada una de sus calles es la prueba indiscutible de lo que está hecha la ‘Perla del Pacífico’.
Los constantes incendios no lograron reducirla. Por el contrario, pusieron a prueba a su gente. El fuego y los asaltos de los bucaneros, no fueron impedimento en el pasado para volverla a hacer, con sus enormes malls y sus insignes negocios.
Si un turista me pregunta adónde ir, le diría que el centro es el paso obligado. Allí encontrará los detalles que harán de su visita a la capital del Guayas un recuerdo inolvidable.
En esa cuadrícula de aceras con sus soportales para ponerse a salvo del inclemente sol, hay infinidad de negocios, muchos de ellos ajenos a los mismos guayaquileños, como un palacio donde es posible encontrar las mil formas de un botón”.