Llegaron a las ocho y media de la mañana al IESS en busca de su Presidente. Era un grupo de afectados por enfermedades “catastróficas” como leucemia crónica, cáncer, problemas renales. Madrugaron para tomar el primer vuelo desde Guayaquil y confiaban en que su sacrificio tendría el resultado que desde hace mucho tiempo perseguían: encontrar al funcionario para explicarle su dolor y obtener de él un resultado esperanzador.
Habían agotado las gestiones para conseguir una cita y tenían en la mente la respuesta de que “…no está en su oficina…se fue de viaje…está en Carondelet…asiste a un gabinete itinerante…”. Ahora sí, pensaban, lo vamos a sorprender tempranito y nos va a tener que escuchar.
Recibieron el primer golpe. Una adusta asistente los plantó con la sorpresa de que su jefe no se encontraba, y que así hubiera estado no los iba a atender ya que este caso debía ser conocido por la Directora de Salud. Uno de ellos dijo estar sorprendido por la ausencia del señor, y aquella le contestó que se hallaba discutiendo la creación del banco del afiliado y el proyecto de ley del instituto.
No les quedaba otra alternativa, tenían que arreglar las cosas con esa nueva servidora. Llegaron a su oficina y antes de que explicaran sus motivos recibieron la “noticia” de que en el Seguro había escasez de medicinas desde enero y por eso se había aprobado la compra de apenas el 8% que se necesitaba. La agenciosa directora les dijo que el problema se daba por un erróneo procedimiento de los encargados departamentales del hospital de Guayaquil al no haber presentado en forma debida las solicitudes de compra y que, en consecuencia, ese no era su problema. Y ahí sí se encontró con la palabra indignada del grupo.
“…No queremos que usted haga el trabajo de los directores médicos… pero no puede lavarse las manos justificando en una falla de procedimiento la falta de atención para nuestro caso… Nuestra vida corre peligro y usted nos dice que no puede hacer nada porque las solicitudes están mal hechas…”.
La funcionaria respondió pensando que con su razonamiento los callaría, haciéndoles conocer que el IESS perdía 200 millones anuales por este tipo de enfermedades, pero recibió dos lacónicas interrogantes ¿cómo teniendo el Seguro la finalidad principal de atender la salud de sus afiliados le entrega al Gobierno $1.200’000.000? y ¿por qué en dos años ni la Asamblea ni el “Congresillo” han reformado la Ley para cumplir con las finalidades sociales de la institución?
Sin argumentos, la burócrata ensayó una salida queriendo justificar el descalabro en el funcionamiento del IESS aseverando que la situación económica se debía a que existiendo un proyecto, el proyecto del presidente Correa según dijo, no le quedaba otra salida a la entidad.
Se miraron la cara, le dijeron gracias a la economista, y regresaron a Guayaquil con la triste convicción de que su vida valía menos que la “revolución ciudadana” de Correa.